Morocho-Saldarriaga et al. (2026)
imaging test in most settings because it is fast, widely available, and provides comprehensive
assessment of aortic extent, branch‑vessel involvement, and complications (1–4). CTA markers
of instability—rupture/periaortic hematoma, hemopericardium with tamponade, coronary
involvement, and malperfusion—often trigger immediate changes in management (1,2,5). Case
presentation: A 58‑year‑old man with long‑standing hypertension and smoking presented with
abrupt tearing chest pain radiating to the back, pulse asymmetry, and severe hypertension. CTA
confirmed Stanford type A dissection extending to the arch and descending aorta, with
hemopericardium and renal malperfusion signs, prompting urgent surgical activation. Discussion:
We highlight key CTA findings to confirm and characterize dissection (intimal flap, true/false
lumen, entry tear, false‑lumen patency, and branch‑vessel compromise) and complication signs
that change clinical decisions (rupture, tamponade, coronary involvement, malperfusion, and
true‑lumen collapse). A structured reporting checklist and a pragmatic radiology‑driven algorithm
are provided to improve communication and procedural planning (2–6). Conclusion: Systematic
CTA interpretation and structured reporting enable rapid risk stratification and timely management
decisions in AAD, directly influencing outcomes.
Keywords: aortic dissection; computed tomography angiography; acute aortic syndrome;
malperfusion; tamponade; rupture.
malperfusión
por
mecanismos
1. Introducción
dinámicos o estáticos (1–3).
El síndrome aórtico agudo (SAA)
comprende un grupo de entidades
La incidencia anual estimada de
DAA es baja a nivel poblacional; sin
embargo, su impacto clínico es
desproporcionado por la elevada
mortalidad temprana y por la
dificultad diagnóstica en escenarios
de dolor torácico agudo (6,7). La
clasificación de Stanford continúa
siendo el marco práctico más
utilizado: tipo A cuando existe
compromiso de la aorta ascendente
potencialmente
fatales
que
comparten presentación clínica y
urgencia terapéutica, entre las que
destacan la disección aórtica aguda
(
DAA), el hematoma intramural y la
úlcera aterosclerótica penetrante
1,4). La DAA resulta de un desgarro
(
de la íntima que permite la entrada
de sangre a la capa media,
generando un colgajo íntimal y la
creación de dos luces: lumen
verdadero (TL) y lumen falso (FL). La
(independientemente de la extensión
distal) tipo cuando no
y
B
compromete la ascendente (1,2).
Esta distinción es crítica porque
define estrategias terapéuticas: la
disección tipo A suele requerir
cirugía urgente, mientras que la tipo
B se estratifica en 'complicada'
extensión
longitudinal
puede
comprometer la raíz aórtica, el arco y
ramas supraaórticas, así como
vasos
viscerales,
renales e
produciendo
ilio‑femorales,
versus
'no
complicada',
con